Cae la noche.
Estoy en San Carlos. Siento las campanas de la Iglesia que comienzan a sonar marcando el paso de un nuevo día…
Otro 21 de octubre entra en mi existencia.
Otro fin de año en mi vida.
Comienzo a vivir los 49 lentamente en una cocina ajena, prestada, como hace tiempo que sucede, como hace tiempo que el destino me ha condenado a la dicha o la desgracia de errar en este mundo, yendo y viniendo, un poco con sentido y otro poco con el corazón.
He dejado atrás muchas cosas, muchas vivencias y es importante valorar y reflexionar lo que tuve y lo que hoy tengo, lo que no tengo y lo que jamás tendré en mis pocos días.
Pues la vida te da y te quita, te pone a prueba en cada paso, en cada momento para que aprendas, para que sepas valorar el misterio del destino incomprensible.
Siempre recibiendo limosnas cual mendigo que no estira su mano.
Y de a poco, día a día, hora a hora, segundo a segundo, se manifiestan sensaciones, colores y sonidos que debes reconocer con tus sentidos, con tu corazón, con tu intelecto.
Mi última emigración se ha realizado.
No habrá otra. Creo haber encontrado el lugar donde pertenezco.
Piso de tablas, techo seguro y muchas ilusiones concretables son las que acompañan noche a noche mis sueños poco recordados.
Tal vez por fantasmas… Tal vez por mis hijos…
En algún lugar deben de plasmarse en memorias pues ni yo puedo recordarlos.
Dentro de este año han pasado muchos hechos.
Hechos que marcan a fuego mi vida y de los cuales no me arrepiento.
De lo hecho me hago responsable y el tiempo, será juez de mi buen o mal obrar en el sinuoso sendero de lo incierto.
Equivocado o no, pienso haber hecho lo correcto, sin apuros, sin premisas.
Me siento extranjero donde piso.
El inmigrante nunca dejará de serlo por más que unos pocos quieran que sientas lo contrario. La enfermedad del arraigo y del desarraigo.
La valija siempre esta pronta y te mira.
Cuando temes a lo desconocido, cuando te fallan, cuando mienten, cuando no comprendes, lo primero que atinas es a no perderla de vista.
La enfermedad de lo incierto.
La enfermedad de tanto y tanto caer y tanto levantarse.
Y no cesa. Es crónico, cíclico, como el amanecer o el ocaso.
Cada vez que el sol asoma sus luces con algo te asombra.
En mi vida sentí muchas palabras pues es fácil hablar y escribir.
En mi vida muy pocas veces vi concretarse lo dicho, lo escrito…
En muchas soy enteramente responsable y en otras, topas con la persona equivocada.
Quienes hablan mucho y hacen poco, no me gustan.
Quienes aparentan no me gustan.
Quienes mienten u ocultan parte de la verdad, no me gustan.
Me gustan los que hablan poco y hacen mucho, los que se desnudan permanentemente y miran directo a los ojos al hablar. Los que obran en silencio sin preguntar si lo que hacen es necesario. Los que golpean la puerta para tender su mano desinteresada.
Aprendí que en la vida están los que llegan de paso y los que vienen para quedarse.
Mi vida se llenó de los de paso y quedó vacía.
Perdí mi autoestima, mi sueño, mi lugar, mi rincón, mis cosas.
Perdí a mi padre. Y jamás lo recuperaré, más conmigo va siempre y así lo siento.
Es el único ser en este universo que jamás me ha abandonado.
Es el que me enseñó siempre todo lo bueno y lo malo de la vida.
Que yo lo haya comprendido o no va en mis carencias.
Pero su enseñanza la predico con propiedad y ejemplo.
Es el primero en la lista de los que se quedan por más que físicamente ya no esté
No fue un ideal sino un hombre.
Tuve la suerte de compartir todo lo que se puede compartir en la existencia.
Buenos, regulares y malos momentos.
Compartí la vida y conocí como última enseñanza lo que significa la muerte temida.
Y en su partida me dejó su secreto increíble.
El que siempre ocultó.
No sé por que…
Una fría mañana de un 28 de junio pude saberlo.
No fue con su voz, no fue con su gesto como solía hacerlo.
Muchas veces no precisábamos nada de esto para decirnos todo.
Bastaba una mirada y en este caso tampoco la hubo.
Me fui de las tierras de mi abuela, en Valencia, escapando de una enfermedad incurable: la tristeza.
Dejé mi cárcel y abandoné lo mucho o poco que había edificado.
Aprendí que para salir de la cárcel hay que cumplir la condena.
Pues quien escapa, siempre es perseguido por fantasmas.
Siempre esta condenado a esconderse de la sonrisa.
Siempre vagará sin sentido sobre este mundo incierto.
21 de octubre…
Se acabaron los 48 años.
La soledad ronda y ronda siempre a mi lado. No para no cesa.
Por eso no confío en nadie.
Porque conocí la mentira y abusé de ella.
Porque las personas se te acercan y te usan.
Porque te falsean y engañan.
Porque es más fácil ocultar y fingir que mirar a los ojos y ser transparente.
Porque cada vez que vuelvo a creer en alguien, me miente, usando la "necesidad" como herramienta.
Y quien miente por "necesidad", pierde por obligación...
Dura la vida del inmigrante.
Dura la vida.
Pero como te da y te quita, te regala cosas hermosas.
Hoy puedo vivir la más grande de las sensaciones.
Todo por un secreto misteriosamente mantenido en las sombras por casi toda mi existencia.
Cual tesoro escondido. Sin mapa. Solo ubicado en las memorias ajenas.
Y yo ignorante del tema, ignorante de existencias, de vida, de amor dormido.