S?bado, 10 de octubre de 2009

Y allí lo conocí o no. Hablé con él o no. Pero es lo mismo. O no tan lo mismo.
Cruzamos unas palabras muchas veces pero nunca supimos que el destino nos llevaría a puntos comunes sin querer, sin saber siquiera. Algunos dicen que tenemos cosas en común. Y es obvio.
Fuimos a la misma escuela.
Esa que te enseña todo, te da todo y todo te quita: el boliche.
Hablamos el mismo idioma. Las mismas señas, las mismas expresiones y a veces se cruzan en nuestros rostros.
Teníamos casi la misma altura, pero tu le prestaste el pelo a Tarzán, cosa que a mi no se me ocurrió nunca. Cosas de boliche… La vida nos llevó por los mismos caminos y el anacronismo se hace realidad dejando de serlo.
Ayer, día de tu cumpleaños fui un rato al bar y te encontré.
Flaco, serio, como mirando lejos. Jugabas con el vaso haciendo círculos.
De esos círculos que uno ya conoce y son de soledad, de olvidos.
De tardes grises, de noches frías, de incomprendidos comprendidos.
De recuerdos y penas viejas. De risas y llantos.
Del el por que no hice y del por que hice.
Me acerque temeroso y te dije como anda Carlos, o tal vez Cándido, o no recuerdo si fue Turco.
-Sirva al amigo- respondiste, dando el gesto protocolar al bolichero.
Pero te acepté solo un refresco.
Ya hace muchos años que no le entro a la bebida.
Nos miramos en silencios. Largos profundos. Nuestras miradas sabían por que estábamos ahí, por que ahora nos cruzaba el tiempo.
Se dibujo una sonrisa en tu rostro y me diste las gracias.
Yo replique que las gracias tendría que darlas yo, pues hace mas de 46 años diste el fruto que es el que hoy me acompaña. Y diste otros frutos que me acogieron brindándome una “familia” que había pedido, que nunca encontraría, pues erraría sin criterio buscando ni lugar.
Entre orgullos y penas, entre dureza y ternura, tú mirada choco el piso
No todo es perfecto en nuestras vidas.
Miradas de esas que escarban, buscan huellas de antaño, de siempre, de las que no se borran jamás.
Tus gracias se hicieron firmes nuevamente con voz temblorosa.
No hubo mucho más.
Solo las miradas. Las que dicen todo y no piden nada.
Las que te hacen comprender cuando hablamos el mismo lenguaje. Las que se conectan sin querer y ya queriendo, no se separan.
Dejé paga una.
Te di un abrazo y con prisa salí, sintiéndome con el compromiso moral de no fallarte nunca, jamás. Y no tengas duda que así será de mi parte. A un hombre de principios como usted, no se le oculta ni decepciona jamás.Ahí sellamos nuestro pacto secreto.
Gire en la puerta y levantando mi mano me diste el hasta luego.
Un hasta siempre que recorro en versos día a día.
Y así será.
No se si te hice bien o te hice mal.
Solo quería ser uno más que te diera un abrazo.
Tal vez el único que se animó a pasar el portal que nos separa.
Se que lo sentiste.
Se que estas mirándome.


Publicado por sosa608 @ 1:37
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